Fiesta Grande de Chiapa de Corzo – Anuncio de las Chuntá

Para dar inicio a la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo, las Chuntá recorren las calles anunciando las festividades de los santos que se veneran en el mes de enero. Chuntá, en lengua chiapaneca significa criado o sirviente.

Existen varias versiones de sus orígenes durante la época de la conquista. En una los hombres de la Etnia Soctón, se vestían como mujeres para salir del pueblo, aparentando hacer labores cotidianas, para reunirse con otros indígenas y organizarse contra los españoles. También se dice que los hombres habían sido separados de las mujeres y era la única forma en la que podían salir del pueblo para ver a sus familias. Pero la mas famosa cuenta que representan a las sirvientas de la adinerada española María de Angulo que junto con otros sirvientes (los ahora llamados Parachicos) iban de casa en casa repartiendo maíz, frijol, legumbres y frutas en agradecimiento a que las curanderas del pueblo habían sanado a su hijo de una extraña enfermedad.

Hoy en día se reúnen miles agrupados en varias “pandillas” y desfilan portando vistosos trajes de falda floreada, camisa bordada, mascadas en la cabeza con grandes moños y algunos de ellos montan encima canastas adornadas con banderas y llenas de víveres o dulces que regalan a los habitantes del lugar mientras recorren las calles bailando y sonando su chinchín al son del tambor, el carrizo y los cuetes que se van lanzando en todo el camino. Ellos son acompañados de mujeres y niñas que van vestidas también con el traje de Chuntá.

El vistoso desfile que las Chuntá siguen la ruta marcada por el “abrecampo”. Ya que la gente se aglomeraba para recibir los regalos de doña María de Angulo, este personaje se encargaba de establecer orden entre la multitud. Con voz enérgica gritaba: ¡Abran campo que pase doña María de Angulo!

Durante todo el trayecto del anuncio, las Chuntá, van bailando, gritando y echando relajo mientras visitan los templos de San Jacinto, El Calvario, San Gregorio, Santo Domingo y casas particulares que tengan un altar, en los cuales bailan como ofrenda para los santos. Algunos de ellos llevan pequeñas piñatas como agradecimiento por mandas que están cumpliendo. Nunca falta que vayan gritando “¡viva!” a cada santo patrono y durante el resto del trayecto “arrecha la que no grite”, lo cual va seguido de un estruendoso coro de gritos de todos las Chuntá y los habitantes del pueblo.